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LGAC- Manejo de Recursos Naturales

A un nivel general, la gestión ambiental podría ser definida como el  proceso dirigido a regular aquellos factores ambientales que afectan la vida humana o que son afectados por ésta, provocando cambios ambientales que pueden ser considerados positivos o negativos desde el punto de vista humano. Esto incluiría por ejemplo, el manejo de los recursos naturales, el control de parásitos y patógenos, la reducción de emisiones de contaminantes que  alteran las condiciones fisicoquímicas del medio, o la prevención de desastres como inundaciones o sequías. También se incluirían en este enfoque las interacciones con otros grupos humanos, que pueden afectar positiva o negativamente las condiciones de vida de la población objeto de estudio. Estas interacciones pueden ser de cooperación o de competencia, incluso de depredación o parasitismo; se parecen a las interacciones bióticas en un sentido que va más allá de la   analogía, ya que efectivamente influyen en la demografía y condiciones de vida de las  poblaciones humanas.

El manejo de los recursos naturales debe ser entendido de manera integral: estas actividades no sólo se dirigen a la producción de alimentos y materias primas, sino que además tienen por objeto la conservación de la diversidad biológica y los procesos ecológicos de los cuales dependen tanto de la producción de los recursos como del mantenimiento de los servicios ambientales esenciales para la vida humana. Adicionalmente, debido al impacto humano en el medio ambiente, entre los componentes del manejo de los recursos naturales se incluye la restauración o rehabilitación de ecosistemas o recursos que han sido degradados. Vistos de esta manera, el manejo de recursos naturales y la agricultura incluyen la producción, la conservación y la restauración como sus componentes básicos.

La integración de producción–conservación–restauración como componentes del manejo de los recursos naturales, trata de superar la división que se ha hecho entre estos elementos en la formación y la práctica profesional, generando un conflicto absurdo entre perspectivas “productivistas” o “preservacionistas”, o la conceptualización errónea de una agronomía exclusivamente orientada a la producción y de un manejo de recursos naturales centrado únicamente en la conservación. Así mismo, pretende superar ciertos planteamientos falsos con los cuales se disfrazan las contradicciones realmente existentes entre el aprovechamiento de los recursos naturales y la conservación de la naturaleza. Integrar producción y conservación requiere de enfoques críticos y creativos, no sólo de retórica. Las prácticas de producción agrícola, ganadera, forestal y pesquera han generado, en muchos casos, problemas ambientales y sociales graves, demostrando que no pueden sostenerse a largo plazo, mientras que la práctica de la conservación ha mostrado no sólo sus limitaciones en términos de efectividad, sino que también puede generar consecuencias sociales negativas.

La restauración o rehabilitación viene a incorporarse dentro del manejo  de recursos naturales como un componente fundamental, dado el grado de deterioro ambiental y el agotamiento de los recursos naturales generados por las actividades humanas. En la actualidad no es posible abordar asuntos como la producción agrícola, pesca o la conservación de biodiversidad sin tomar en consideración aspectos tales como la recuperación de tierras erosionadas, la rehabilitación de ríos y lagos contaminados, o la restauración del hábitat de especies amenazadas. Mantener a largo plazo la productividad de los recursos naturales, conservar dichos recursos y los procesos ecológicos de los que dependen, y restaurar–rehabilitar ecosistemas degradados o recursos disminuidos, son componentes esenciales del sostenimiento o sustentación de largo plazo de la base material de la sociedad y de las condiciones ambientales que hacen posible la vida humana.

La diversidad biológica de México es comparable a su gran diversidad cultural asociada  a  los  diversos  ecosistemas  del  país.  Existen  en  el  país  unas      56 naciones/pueblos indígenas que continúan hablando su propia lengua y que mantienen importante tradiciones culturales, formas de gobierno y organización social. Estos pueblos, así como muchas sociedades campesinas, residen en las áreas más marginadas del país, que también son las que albergan las mayores riquezas biológicas. Sus formas tradicionales de producción agrícola y uso de recursos naturales son las que mantienen y generan la gran diversidad genética de los cultivos tradicionales y especies asociadas a éstos. “En México, a cada especie de planta, grupo de animales, tipo de suelo y unidad de paisaje le corresponde ... una expresión lingüística, una categoría de conocimiento, un uso práctico, un contenido religioso y un ritual o vivencia individual o colectiva” (Toledo, 1988). Esta relación conlleva a que la conservación de las riquezas biológicas sea también parte de una estrategia integral de conservación y desarrollo del patrimonio cultural, y de los métodos tradicionales de producción, que tienen un historial de miles de años.

El país comparte muchos de los problemas de carácter ambiental y social que se presentan en la mayoría de los países del mundo. Las tasas de deforestación (incluida la defaunación) son del orden del millón de hectáreas anuales; los incendios forestales es una de las causas fuertes de deterioro ambiental. La extinción de especies y la interacción entre los organismos se ha visto alterada; la erosión genética y pérdida de poblaciones es cada vez más evidente. Los problemas de erosión de suelos y la contaminación de tierras, aguas superficiales, subterráneas y aire con el uso de agroquímicos se presentan en la mayoría de las áreas del país.

Jalisco generalmente se encuentra entre los primeros cinco estados del país en producción forestal, del cual más del 80% corresponde a madera de pino. Además ocupa los primeros lugares en producción nacional de material celulósico y de rollo aserrable. El recurso no maderable es también de gran valor, ya que existe una gran cantidad de productos silvestres frutícolas, medicinales, forrajeros y alimenticios, entre otros. Sin embargo, la complejidad de su orografía y la heterogeneidad de ambientes, hace problemático el manejo de las áreas montañosas de vocación forestal y ganadera de Jalisco. Por lo cual se requiere contar con personal capacitado para manejar los bosques, quienes tienen que lidiar con una serie de problemas, como la explotación forestal desorganizada, la ganadería extensiva, así como un rezago social en las zonas montañosas. Todos los años se presentan en forma frecuente incendios forestales de diferentes magnitudes, además de que la tala clandestina y la siembra de enervantes en las zonas montañosas es una práctica común.

En pesca, aun cuando se ha incrementado diez veces más el valor de la producción pesquera desde 1985, la participación en el contexto nacional sigue siendo muy limitada, con una actividad cercana al 2% de la captura nacional. Aun así, ocupa el tercer  lugar  en  captura  de  mojarra  y  pulpo  y  quinto  lugar  en  carpa.  Una preocupación en las aguas continentales, es el deterioro de la calidad de este líquido en las lagunas, donde con frecuencia se presentan niveles  de contaminación en grasas, aceites, sólidos disueltos y algunos metales como plomo por arriba de las normas establecidas. En el occidente del país se localizan importantes cuerpos de agua dulce como el lago de Pátzcuaro, la laguna de Cuitzeo y el lago de Chapala, este último el mayor del país, y principal abastecimiento de agua dulce para la ciudad de Guadalajara. Cuatro de las once especies de tortugas marinas del mundo llegan a las costas del estado; el 70% de los tipos de suelos presentes en México están en Jalisco, al igual que el 13% de las aguas continentales del país con más de 50 especies de peces que viven allí.

La Gestión Integrada de Costas y Océanos, también denominada comúnmente como Manejo Integrado de Zona Costera (MIZC), se ha convertido en un tema prioritario tanto desde el punto de vista político y social como de investigación, a escalas local, regional, nacional e internacional. La instrumentación de  programas y planes de MIZC puede guiar y valorar el desarrollo sustentable de estos espacios; minimizar la degradación y modificación de los sistemas naturales y ecosistemas generados por el proceso de desarrollo de estas zonas; proporcionar un marco para el manejo de las actividades sectoriales y multisectoriales desde un enfoque de integración y coordinación; proteger los intereses y activos sociales, económicos y ambientales de daños o pérdidas provocados por catástrofes naturales o aquellos inducidos por el hombre; y salvaguardar el uso de los recursos naturales para el futuro (UNCED, 1992; UNEP/ONU, 1995; Cicin-Sain y Knetch, 1998; Leff, 1998; SEMARNAP, 2000; WSSD/ONU, 2002; WSSD/ONU, 2002).

El gran interés sobre las zonas costeras y los océanos por parte de los principales organismos internacionales en las últimas dos décadas, se ha debido a que el hombre ha comprendido finalmente el papel esencial de estas zonas para las sociedades, la economía y el ambiente. Además, es evidente que los múltiples problemas ambientales que de manera creciente enfrenta actualmente la zona costera en nivel mundial (UNEP/ONU, 2005), ponen en riesgo y amenazan no sólo la diversidad biológica sino el funcionamiento de los ecosistemas costeros. Éstos son el sustento y la base de múltiples procesos productivos, de la economía no solo local sino en algunos casos nacional, regional, e internacional, y también son el sustento de múltiples servicios, así como una fuente muy importante y esencial del bienestar humano (WRI, 2001).México cuenta con una larga historia en la planificación del desarrollo y la protección del ambiente; sin embargo, el MIZC no ha evolucionado como una estrategia específica dentro de la planificación del desarrollo en el país, y aún más, hasta 1993 no se conocía todavía una política nacional en relación con la zona costera (Merino, 1987; Gómez-Morín y Fermán Almada, 1991). A pesar de este vacío en el programa general de la nación, desde principios de la década de los ochenta se iniciaron programas regionales que involucraron el concepto de   MIZC. Estos programas pretendieron integrar, no sólo las bases del proceso de planificación, sino las actividades a desarrollar en regiones geográficas  que incluyen tanto la porción terrestre como la marina.